La verdad es que desde el principio tuve curiosidad por ver lo que significaba eso de
"Máquinas de Mirar". Era evidente que se refería al verbo
mirar y de que habían
máquinas de por medio. Pero como uno nunca sabe lo que se puede encontrar, -pues todo no es lo que parece-, quedaba ese picazón de curiosidad.

Nunca había ido al CAAC (Centro Andaluz de Arte Contemporáneo) y el hecho de que estuviera en un antiguo monasterio, me gustó de entrada. Siempre me han gustado los lugares antiguos, y sobretodo, las edificaciones de épocas pasadas siempre me producen la sensación de entrar en un mundo nuevo y desconocido.


Lo primero que vimos fue la cámara oscura gigante que había fuera.
La cual nos dio algunos problemas al principio, ya que no hacía mucho sol y la imagen que se debía proyectar a través de los estenopos no se veía con claridad. Pero fue una bonita experiencia que pudimos repetir al salir de la exposición y, ésta vez sí, ver un poco mejor la proyección. Fui un poco por libre, investigando por mí misma. Aunque de vez en cuando me paraba a escuchar lo que decía la guía que nos acompañaba.

La exposición en sí era una bonita recopilación de elementos visuales. Desde los primeros proyectores de imágenes (que sólo mostraban dos paisajes) e imágenes invisibles que sólo se podían ver cuando les daba la luz; hasta las últimas muestras, más sofisticadas en su significado.

Pero como yo soy una persona básicamente simple, me gustan las cosas sencillas y que no exijan pensar mucho. Me gusta ver las cosas rápidamente, para así, poder pasar a otras. Mis favoritas fueron: las imágenes independientes que al hacerlas girar se convierten en una sola, quizás influenciada por la película de Johnny Depp,
Sleepy Hollow; y las imágenes abstractas formadas por puntos de luz de diferentes colores.
Las imágenes son algunas de las fotografías que realicé en la visita. En ellas están unos pocos compañeros de clase y las
"máquinas de mirar" que más me gustaron.